Muchas veces recuerdo un solar que había en la calle San Bernardo en Madrid. Hace años había un hospital. Una de sus habitaciones tenía un significado muy especial para mi. La construcción fue derribada y durante mucho tiempo hubo un enorme hueco deshabitado. Cuando pasaba por allí, no encontraba nada mas inquietante que observar ese pequeño espacio flotante en el vacío donde estuvo aquella habitación y recrear en mi memoria como la luz del sol bañaba su estancia…

Toda mi investigación artística trata de recuperar las atmósferas lumínicas de aquellas arquitecturas que son emblemáticas, que desaparecieron o estructuras vivas que considero esenciales. Trabajo desde la memoria o a partir de planos e imágenes de los edificios que desaparecieron.

Las luces y sombras que bañan los espacios, se mueven lentamente recordándonos la fugacidad de la vida. Las arquitecturas en comunión con la luz natural construyen una huella del paso del tiempo. Hay algo de ese movimiento de la luz que nos sumerge en una contemplación casi meditativa y nos transporta a la observación de lo esencial, cómo si de una mirada ajena al hombre se tratara.

Mis piezas nos hablan de la memoria, del espacio y del tiempo. El movimiento y las formas de las luces nos desvelan las arquitecturas donde se albergan y en esa contemplación la obra nos habla del tiempo. Pero toda mi obra se muestra desde el simulacro.

Algoritmos, animaciones e imágenes 3D no cesan de recordarnos lo que un día fue real. Con este gesto, el acento recae en el carácter artificioso hacia el que se dirige nuestra existencia. Ya nada es real, natural. Todo es un simulacro.